lunes, 5 de marzo de 2012

CAMPAÑAS DE PREVENCION. CONCIENCIACION SOCIAL Y FAMILIAR FRENTE A LOS TCA


Por supuesto que no todo está perdido. Hay que informar a padres, profesores y educadores, pero no sólo desde la perspectiva de la enfermedad y su sintomatología, sino desde el punto de vista de la necesidad de crear una autoestima adecuada, y del abandono de ideas que, promovidas por los medios de comunicación, llevan a concluir que la mujer del siglo XXI debe ser físicamente "perfecta".

Las comidas que antes se realizaban en el seno de la familia, hoy en día se llevan a cabo en lugares de trabajo, colegios y fuera de casa en general, no existiendo control sobre la ingesta que realizan niños y adolescentes.

Se proponen distintas estrategias:

1. Expresión de sentimientos negativos: En el ámbito familiar y social. Debe ser una comunicación donde la expresión de sentimientos negativos no provoque el rechazo ni deteriore las relaciones familiares e interpersonales. Donde se omita la crítica destructiva, y la carga de intencionalidad.

2. Fortalecimiento de la autoestima: Es conveniente adiestrar a los padres en el fortalecimiento de la autoestima de sus hijos, en la medida en que la baja autoestima es un factor de riesgo para el desarrollo de TCA, tratando de magnificar el alcance de pequeñas o grandes metas, y de minimizar los errores o fracasos.

3. Escucha activa: Fomentar la escucha y la tolerancia, haciéndolas compatibles con normas educativas consistentes, sin hacer Hincapié únicamente en lo negativo, con normas coercitivas y punitivas. Hay que prestar atención a las situaciones de estrés, problemas que no se han podido afrontar, conflictos en la familia, un fracaso amoroso o un incidente con los compañeros, ya que es posible que piensen que esto no habría ocurrido si su cuerpo fuera de otro modo.

4. Apoyo familiar: Si el adolescente se siente apoyado por sus padres y tiene asertividad suficiente, solucionará con más éxito los problemas que le surjan durante su socialización. Los miedos de origen evolutivo entre los que se encontraría el miedo al rechazo social aparecen al inicio de la adolescencia, pudiendo ser consecuencia de un aspecto físico que no se ajusta al ideal. Estos miedos se atenúan si se cuenta con un ambiente familiar atento a las necesidades de los hijos, positivo, que proporcione seguridad, consejo y apoyo sin caer en la sobreprotección.

5. Mayor implicación en la educación alimentaria: Se propone una mayor implicación de los padres en el control/educación alimentaria. Para ello es recomendable que al menos se efectúe una comida al día en familia intentando que la experiencia sea agradablemente percibida por los hijos, mediante la creación de un clima distendido y cordial.

6. Factores de vulnerabilidad: Los padres tienen que ser conocedores de los factores de vulnerabilidad de los trastornos alimentarios. De esta forma serán capaces de adelantarse informando a sus hijos sobre la naturaleza y los peligros de los prejuicios contra las diferentes constituciones corporales, informando sobre lo inadecuado de los mensajes críticos para con la obesidad emitidos por los medios de comunicación. Es fundamental evitar la colaboración con este tipo de mensajes, no propiciando la adopción de dietas salvo prescripción del médico o del dietista-nutricionista, y bajo el seguimiento por parte de estos profesionales. Además hay que decir que a los adolescentes no se les suele poner a dieta para adelgazar, si es necesario se les educa mediante recomendaciones sobre alimentación saludable, dada la peligrosidad de realizarlas en esta edad.