lunes, 4 de octubre de 2010

TRASTORNOS DEL COMPORTAMIENTO ALIMENTARIO

Vivimos en una sociedad que tiende a considerar "dieta sana" a una alimentación baja en calorías y "cuerpo sano" al carente de panículo adiposo.

Ciertos fenómenos socioeconómicos se encuentran en la base de los cambios del comportamiento alimentario y de la actitud hacia el cuerpo en Occidente. Por un lado el crecimiento y diversificación de la industria alimentaria, por otro el auge del comercio del adelgazamiento. La convergencia de ambos con los cambios hacia regímenes de vida y formas de trabajo más sedentarios y menos respetuosos con los ritmos biológicos, exigen al individuo una serie de esfuerzos adaptativos que en ocasiones conducen al deterioro de los hábitos alimentarios y abren nuevas vías para la inadaptación.

Una de estas vías, acaso la más relevante para las patologías que aquí estamos tratando, es la divulgación de la idea de que estar "a régimen" es una manera de mejorar el estado de salud. Efectivamente, la restricción de alimentos es necesaria para el control de ciertas patologías, como la hipertensión o la diabetes, pero es inútil y nociva para aquellos que no presentan esas enfermedades, del mismo modo que el tomar antibióticos empeora la salud de cualquier individuo libre de infecciones.

La creencia de que la grasa es una sustancia superflua cuya acumulación está directamente relacionada con el riesgo de padecer enfermedades procede de la generalización de ciertos hallazgos procedentes del campo de la prevención de la enfermedad coronaria y merece ser contestada desde una perspectiva sanitaria general.

Los riesgos que para la salud tiene el sobrepeso o la obesidad han de ser tratados por expertos especialistas, no olvidando que para muchos individuos, un sobrepeso grado I puede ser el estado natural, máxime cuando hoy los estudios genéticos apoyan la hipótesis de la heredabilidad del volumen corporal.

El depósito adiposo no es un tejido pasivo sino que interviene en funciones cruciales para el organismo.

Si partimos de la fisiología femenina, la grasa corporal es necesaria para la adecuada síntesis de hormonas, que, además de capacitar a la mujer para la reproducción, la protegen de enfermedades coronarias y osteoporosis y poseen un papel nada secundario en la regulación de estados emocionales y conductas instintivas.