El desayuno es la primera comida que realizamos tras horas
sin ingerir ningún alimento.
Es el momento en el que debemos aportar a nuestro organismo
nutrientes y energía (sí, las kilocalorías son necesarias y muy útiles).
Hay personas que justo al levantarse no sienten apetito y
han de esperar un poco para poder desayunar, pero lo toman un poco más tarde.
Lo que no es recomendable es pasar la mañana entera sin
tomar alimentos. Hay quien piensa que así ahorran unas calorías, esto es un
error por muchos motivos. Uno, sencillo de entender, es que sin ingesta durante
una noche completa y una mañana… se llega a la hora del almuerzo con muchísimo
apetito y se come rápidamente gran cantidad de alimentos.
No hay razones para justificar el que un niño marche al
colegio sin tomar nada para desayunar. Les faltarán nutrientes para
concentrarse, aprender, estar activos…
Lo mejor… que los adultos eduquemos con el ejemplo.
La chía (Salvia hispánica L.) es una planta herbácea y sus semillas son especialmente ricas en ácidos grasos
alfa-linolénico, omega 3. También
contienen omega 6. Ambos ácidos grasos son esenciales para nosotros y
necesitamos ingerirlos con la dieta.
Además estas semillas son muy ricas en flavonoides y
contienen vitaminas del grupo B.
En relación a las proteínas que tienen, os cuento que son de
buena calidad, esto está relacionado con los aminoácidos esenciales que
presentan en su composición nutricional. Y puede ser interesante el que no contengan gluten.
En
cuanto a sus minerales, es muy rica en
calcio, hierro, magnesio, potasio, fósforo, zinc y manganeso. Y muy pobre en
sodio, como muchos alimentos de origen vegetal.
Posee una gran cantidad de fibra soluble. En concreto son
los mucilagos los que posibilitan el cambio en sus cualidades organolépticas y
cuando dejamos las semillas en agua, leche o zumo, tienden a aumentar su tamaño y su textura se vuelve
suave.
Si revisamos bibliografía y estudios científicos sobre el
resultado en la salud de población que la consume, no encontramos demasiada
información.
Algo que me preguntan
a veces los pacientes, al respecto de la chía, es si les va a solucionar sus
problemas con el colesterol, con la tensión o les va a ayudar a perder peso. La
repuesta es que puede ayudar a participar en el cuidado de su salud, pero que
probablemente serán otros muchos alimentos saludables y los cambios en sus
hábitos de vida los que le terminen ayudando más que las semillas de chía.
Por tanto, las semillas de chía pueden ser una ayuda (que no
suple al tratamiento de su Médico ni de su Dietista-Nutricionista) frente al
estreñimiento, al control de la glucosa en sangre, de las cifras de tensión
arterial, de la absorción de colesterol o el control del apetito… al igual que
los son otros alimentos maravillosos repletos de antioxidantes como la granada,
los arándanos, las legumbres o los madroños.
¿Por qué? Pues veréis, aún teniendo esta semilla buenos nutrientes… no
tomamos kilos de ella, así que no vamos a poder alcanzar las cifras de fibra,
omega 3 u omega 6… que necesitamos a diario. Tendríamos que consumir muchísimas
semillas y eso no lo vamos a hacer, la dosis normal está en unos 10g y eso ya
es bastante.
Hoy os voy a comentar alguno
de los riesgos que supone para nuestra salud, realizar un tratamiento
inadecuado para la obesidad.
El
tratamiento dietético de la obesidad se plantea conjuntamente con el paciente
para lograr que consiga bajar su peso, procedente de masa grasa, y que esta
pérdida sea mantenida en el tiempo para disminuir el riesgo que el exceso de
peso ocasiona para la salud.
No
existen milagros. Los dietistas-nutricionistas empleamos estrategias, formación
y conocimientos científicos decantándonos por el consejo dietético y por la
reeducación alimentaria, entendiendo que es la dieta moderadamente hipocalórica
equilibrada, la más adecuada y recomendada por los distintos organismos y
sociedades científicas en el tratamiento dietético de la obesidad.
Un tratamiento inadecuado
puede traer efectos muy negativos sobre nuestra salud, no merece la pena el
riesgo que se corre. No todo vale. Alguno de estos riesgos son:
Entrar en situaciones
potenciales o reales de desnutrición, como consecuencia del déficit de
minerales o vitaminas.
Poner en riesgo la salud de
personas con patologías renales, cardiaca, pancreáticas, metabólicas…
Conducir a errores
educacionales y conceptuales sobre alimentación en los pacientes, de modo que lleguen
a frustrarse o abandonar el cuidado de su salud.
Favorecer el efecto rebote o
las situaciones de descompensaciones metabólicas o de resistencias.
Fomentar la aparición de trastornos
del comportamiento alimentario como anorexia o bulimia nerviosa, ortorexia o vigorexia.
Cada uno de estos puntos se
podría dividir a su vez en otros y cada uno de nosotros podría poner nombres y
apellidos de conocidos a los que les ha ocurrido algo parecido…
La alimentación es algo muy
serio, no se debe jugar con ella. Hemos de usarla correctamente pues nos puede
ayudar a mantener la salud o a mejorarla.
Usemos la alimentación con inteligencia,
nos ayudará a mantener la salud.
Al acercase la primavera y el verano comienzan a aparecer en revistas y
medios de comunicación, dietas y productos presentados como soluciones
milagrosas ante los kilos de más. Llaman la atención pues el reclamo empleado
es que el uso de un cierto producto dietético, o de la dieta, no conllevan ni
esfuerzo, ni sacrificios, ni hambre… y que la pérdida de peso prometida es
rápida.
Estas falsas promesas son vendidas con un descarado ánimo de lucro sin
escrúpulos y para nada conduce a una reeducación en hábitos alimentarios y
estilos de vida saludables. No son compatibles con la salud.
Desde el punto de vista de la nutrición no existe un equilibrio ni una
variedad alimentaria que nos garantice los nutrientes que necesitamos. A menudo
no se llega a alcanzar ni la energía suficiente para perder peso de modo
saludable y en consecuencia ni los nutrientes energéticos ni los no energéticos
están garantizados. Si ocurre la pérdida de peso, ésta puede estar causada por
mecanismos compensatorios que originan una pérdida de masa muscular y agua, que
no interesa a la salud. Un profesional acreditado para ello en nuestro país, no
confecciona para sus pacientes un tratamiento dietético-nutricional que le haga
perder la salud, a la par que los kilos.
Estas dietas producen situaciones de riesgo real para la salud como:
* Un mayor efecto rebote o yo-yó pues el ayuno desordenado y desmedido
produce una
disminución en el gasto energético del organismo que trata
de protegerse ante estas
situaciones que le sobrevienen.
* Riesgo de complicaciones metabólicas, como hipoglucemias,
enfermedades tiroideas…
* Descompensaciones
nutricionales por déficit o exceso de proteínas,
grasas, vitaminas y minerales.
* Pueden
ser el punto de arranque para trastornos del comportamiento
alimentario como anorexia
y bulimia.
¿Son la desesperación y el desconocimiento de los pacientes tan
grandes que “todo vale”? ¿Es el ánimo de lucro tan repugnante que “no importa
el paciente”?
Pues desde aquí
reivindico para perder peso, si se necesita, la dieta hipocalórica variada, equilibrada, sabrosa, divertida, placentera, que
mantiene la salud, se adapta a nuestro estilo de vida y que es realista con
nuestras necesidades y objetivos.
Es muy importante que se
mantenga el reparto equilibrado de nutrientes aportados por los distintos
grupos de alimentos, y por tanto, ofreciendo una gran variedad de los mismos en
una dieta planificada para perder peso. Sólo un profesional con experiencia
clínica, formación científica y universitaria, puede prescribir una dieta
adecuada para tratar la obesidad a corto, medio y largo plazo, así como
prevenir la aparición de efectos secundarios o enfermedades asociadas.
Ejemplos de “Dietas
Milagro”
y sencilla clasificación como nos indica la Agencia Española de Seguridad
Alimentaria y Nutrición:
1. Dietas excluyentes que ensalzan un nutriente en
detrimento de otros. El resultado son dietas:
Ricas en hidratos de carbono, sin
lípidos ni proteínas, como la del Dr. Prittikin y la dieta del Dr. Haas.
Ricas en proteínas, sin hidratos
de carbono: de Scardale, de los Astronautas, de Hollywood y la dieta de la
Proteína Líquida. En este grupo también se incluiría
la Dukan. Producen una sobrecarga
renal y hepática muy importante.
Ricas en grasa o dietas
cetogénicas: de Atkins, de Lutz. Muy peligrosas para la salud, y producen
graves alteraciones en el metabolismo (acidosis, cetosis, aumento de
colesterol sanguíneo, etc.).
2. Dietas disociadas que establecen que los alimentos “no
engordan” sino que esto ocurre sólo al consumirse según determinadas
combinaciones. No limitan la ingesta de alimentos energéticos, ni educa en su
uso en la dieta. Así están incluidos en este tipo la dieta de Hay o Disociada, el
régimen de Shelton, la dieta Hollywood, dieta de Montignac, Antidieta, etc.
3. Dietas hipocalóricas desequilibradas que son monótonas, con
déficit en nutrientes, con una disminución drástica de la ingesta energética que
provoca en el organismo una disminución del gasto energético por adaptación
metabólica y un tremendo efecto rebote al finalizarlas. Algunos ejemplos son la
dieta de la Clínica Mayo, dieta “toma la mitad”, “Gourmet”, dieta Cero.
Algunos indicativos de que nuestra dieta no
es un “milagro” sino fruto del trabajo del profesional experto que cuida de
nuestra salud:
El especialista
al que he acudido en consulta me ha preparado un plan dietético nutricional en
el que se cumplen sistemáticamente estos principios:
·Tomo todos los grupos de alimentos, cada uno en
un porcentaje en equilibrio. Mis alimentos, los platos y su forma de
prepararlos son variados.
·No se me ha excluido ningún alimento por
criterios que dicotomizan en “buenos- malos” o “engordan-adelgazan”. No se ha
prohibido, no se han resaltado mezclas o separaciones de alimentos con
criterios de “engordar-adelgazar”.
·No aparecen síntomas como cansancio, fatiga,
debilidad, mareos, caída de pelo, fragilidad en uñas, nauseas matutinas, mal
sabor de boca, mal aliento, inapetencia, mucha sed, no me siento triste,
deprimida o apática.
·Mi dieta tiene las suficientes calorías para
perder entre 500-1000 gramos de peso procedente de masa grasa, semanalmente, y
me siento sana y fuerte.
·El ejercicio físico me ayuda a tonificar los
músculos, y por eso me lo ha recomendado mi especialista.